jueves, noviembre 03, 2005

Déjame



















Déjame

Déjame ausentarme de mí
sobre la templada arena de tu pecho
y abandonarme
a las olas blancas de tu piel de ninfa.

Deja que la templanza de tu brisa
como en un canto de sirenas
me arrulle en la alborada
de este implacable amanecer.

Déjame respirar el amor
con que inundas hoy mi playa
tan vacía y tan ansiosa de ti
como hoy estaba.

Déjame saborear
la salada dulzura de tus labios
y ese frescor a mar
de olas de escarcha.

Y después...
Déjame
hundirme
ahogarme
... morirme
en el abismo azul
de tu mirada
que para mi es un mar
donde no encuentro
... la manera de no naufragar.


Jorge Anoro




Hay días...















Hay días en los que me gustaría tener la inocencia que otrora me acompañaba y que me regalaba innumerables días de felicidad sumido en la mundanal inopia.
Tenía entonces un perenne devaneo mental que me hacía incapaz del discernimiento entre realidad y ficción, lo que me hacía vivir plácidamente en los mundos de Andersen (1).
Como esta mañana, cuando sin saber todavía el motivo ni el detonante de ello, quisiera recuperar perentoriamente el tantas veces zaherido estado de enajenación transitoria sobre la que hoy por hoy estoy escéptico.
Cómo no añorar cuando desde mi ingenuidad, era capaz, de sumergirme a la sazón hasta en los charcos más ponzoñosos sin perder mi prestancia, viendo como veo hoy en día la turbiedad en el arroyo más cristalino. La implacable injusticia de nuestro inexorable reloj de arena, en virtud del cual nos convertimos en seres abyectos y desconfiados.
Así es ciertamente, y a pesar de que el plasmarlo en papel no me abre los ojos a la razón de esta sin razón matutina.
Por cierto, ...estoy hablando de amor.

(1). "Mi vida es un cuento maravilloso, marcado por la suerte y por el éxito".
H.C. Andersen, El cuento de mi vida (1855).

Jorge Anoro, "Ciclotimias de Otoño a la carta"